Muchos chicos con cáncer enfrentan desafíos a la hora de alimentarse adecuadamente. Sus tratamientos pueden causar efectos adversos como náuseas, vómitos, dolor, pérdida del apetito o lesiones en la boca que hacen que no puedan comer lo suficiente.
Es ampliamente reconocido y respaldado internacionalmente que mantener un buen estado nutricional durante el tratamiento oncológico contribuye a mejorar la tolerancia a los mismos, prevenir infecciones, reducir las hospitalizaciones y mitigar los efectos de los tratamientos, incrementando así las posibilidades de curación y sobrevida para los chicos con cáncer.
Ante esta situación, el soporte nutricional se vuelve una necesidad médica. No es un aspecto secundario: es parte del tratamiento. Es lo que permite mantener un estado nutricional adecuado, continuar con la medicación oncológica y evitar complicaciones que puedan interrumpir o demorar el tratamiento.
A pesar de esto, miles de familias de chicos con cáncer no acceden al soporte nutricional que sus hijos necesitan, ya que no existe un marco legal que garantice su cobertura. Las obras sociales, prepagas y el sistema público, en muchos casos, no aseguran estos recursos ni ofrecen circuitos claros para su acceso. Esto genera graves consecuencias económicas, físicas y emocionales para las familias, y atenta contra el derecho a la salud de los pacientes.